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A mi esposo mexicano lo acusaron de traficar con nuestra hija en un vuelo de United

18 Abril 2017


Cuando iba manejando sobre el puente George Washington para recoger a mi esposo y nuestra hija al aeropuerto de Newark, luego de sus vacaciones en Cancún en donde él visitó a su familia, recibí una llamada de un funcionario de la Autoridad de Puertos. Esta persona dijo ser un sargento y procedió a informarme de un "incidente" en el vuelo y que involucraba a mi esposo e hija. El corazón se me desbocaba. Ni siquiera sabía qué responder porque en mi mente se agolpaban todas las posibilidades de qué pudo haber ocurrido en el avión. Mi temor más grande era: ¿estarán heridos? El sargento me aseguró que estaban bien los dos, pero yo estaba en shock, me sentía como si todo el mundo se derrumbara.

Mi esposo es mexicano. Yo soy de herencia irlandesa. Nuestra hija de tres años se parece a los dos: su pelo es oscuro, es de ojos almendra y piel clara. Los dos habían viajado a México para que mi esposo pasara tiempo con su madre y su abuela, a quienes apenas ve una vez al año. Se trataba de una ocasión preciosa para que mi hija se conectara con la familia de su papá y yo apoyé su visita mientras me quedaba en casa por cuestiones de trabajo. Pero nunca me imaginé lo que sucedería a su regreso a casa.

El "incidente": una pasajera en el vuelo, en evidente estado de ebriedad, acusó a mi esposo de tráfico de menores. Ella aseguraba que mi hija de piel clara no se parecía a su papá mexicano y sospechaba que él la había secuestrado. La pasajera no tenía ningún fundamento para esta acusación, cero evidencias que la respaldaran.

Cuando supe lo que había pasado, rompí en llanto. ¿Cómo podía suceder algo así?

Ahora que recuerdo los detalles, me cuesta trabajo creerlo.

Mi hija dormitó en el regazo de su papá por casi todo el viaje hasta que el avión aterrizó. Él me mandó un texto avisándome de la llegada. Pero cuando el avión se dirigía a su puerta de acceso al aeropuerto, varios oficiales de la Autoridad de Puertos y de la oficina de Aduanas y Patrulla Fronteriza (CBP), abordaron el avión, se acercaron a mi esposo y le ordenaron que recogiera su equipaje de mano y que los siguiera. Él y nuestra hija fueron escoltados fuera del avión antes de que nadie más pudiera salir.

Ya afuera del avión, cuatro oficiales de la Autoridad de Puertos y de la CBP lo rodearon. Le hicieron numerosas preguntas al mismo tiempo y él no sabía quién preguntaba qué. No tenía idea de lo que sucedía. Nuestra hija comenzó a llorar por el escándalo.

Una simple revisión de los pasaportes o los registros de vuelo pudo haber demostrado con claridad que todo estaba bien en esta situación.
Luego de preguntar en dónde había nacido nuestra hija, quién estaba ahí, y dónde se emitió su acta de nacimiento, le pidieron que les proporcionara mi número de teléfono. Fue entonces que me llamaron y me hicieron las mismas preguntas a fin de verificar su historia. Luego me dijeron que la acusación no venía de parte de la CBP, quienes están entrenados para identificar este tipo de situaciones, sino de una pasajera del mismo vuelo. Ellos sólo seguían el protocolo para actuar en actos en que hay sospechas, como éste. Y me dijeron que no se ameritaba investigar el estado mental de la acusadora.

La pasajera que compartió su "preocupación" con los sobrecargos venía sentada al lado de mi esposo. De acuerdo con él, ella se había comportado de manera amistosa durante el vuelo, pero él se dio cuenta de su extraña obsesión con nuestra hija, en ocasiones cruzándose sobre el cuerpo de mi esposo para tratar de interactuar con la niña.

Pero no había señales, más allá de los comentarios llenos de racismo de la pasajera, de que mi esposo no tenía sino una relación perfectamente normal y amorosa con su hija. No había habido ningún incidente. Siempre hay gente que hace comentarios racistas y mi esposo y yo estamos curados de espanto en este sentido. Reitero, mi esposo es mexicano. Por lo tanto, él es un blanco de esto y, por lo tanto, también su familia.

Pero lo que nunca nos imaginamos es que los sobrecargos en una aerolínea importante, United Airlines, tomaran la decisión de darle seriedad a un comentario así. Y al hacerlo, arrastraron a la Autoridad de Puertos y la CBP a sacar a mi esposo y a nuestra hija de un avión para interrogarlos con una presunción de culpabilidad. Dejaron de lado que él viajaba con una green card, que llevaba pasaportes con sus mismos apellidos y que cargaba con una carta notariada con mi permiso de que mi hija podía viajar a México por una semana.

Me quejé con el departamento de servicio al cliente de United y unos días después me contestaron con una disculpa y un cupón para viajar por 100 dólares, el cual no servirá de nada porque no viajaremos de nuevo por esta aerolínea. Además, es importante que United y otras líneas aéreas revisen sus procedimientos.

Una simple revisión de los pasaportes o los registros de vuelo pudo haber demostrado con claridad que todo estaba bien en esta situación y pudo haber evitado todo el drama y tensión que se creó.

Fue una experiencia horrible para nosotros: que te escolten fuera del avión unos oficiales de seguridad y que te interroguen así; recibir una llamada en la que me preguntan dónde nació mi hija; que otros oficiales te acompañen para encontrarte con tu esposo y tu hija, quienes seguían en poder de las autoridades a pesar de que su caso ya había sido "desestimado". Ya nos habíamos preparado para enfrentar este clima de odio político, o eso pensábamos. Pero no nos habíamos preparado para enfrentar algo así.

Con información de HuffingtonPost México




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